El concepto de
constructo personal, introducido por George Kelly(1955), representa la idea de
que las personas construyen los hechos al predecirlos sobre la base de la
experiencia y el aprendizaje. En este sentido, una teoría ha de ser sobre todo
un marco de referencia para anticipar acontecimientos: su función primordial es
la de contribuir a la predicción del futuro y a la exploración de sus
posibilidades. Una buena teoría, por
lo tanto, es aquella que resulta fértil en cuanto a la producción de nuevas
ideas, investigaciones e hipótesis. El criterio de Kelly es idéntico al de
Lakatos; un programa progresivo se distingue por su vitalidad en la formulación
de predicciones y en la validación de éstas.
Un segundo criterio
de bondad de una teoría, según Kelly, es su capacidad para generar hipótesis
contrastables, que se traduzcan en "predicciones tan precisas que sean
inmediatamente sujeto de verificación incontrovertible" (Kelly, 1955/1991,
pág. 17). Por tanto, las hipótesis han de ser lo bastante precisas como para
ser refutadas cuando no se cumple la predicción, si bien "nunca pueden ser
validadas de forma definitiva". Kelly admite la utilidad metodológica del
criterio de falsación, pero también se anticipa a Lakatos al contemplar la
posibilidad de un cinturón protector de hipótesis que pueden modificarse para
no poner en peligro el núcleo de la teoría.
En este sentido,
autores posteriores a Kelly, destacan tres formas diferentes de invalidación.
La primera, o invalidación cierto/falso es la única considerada por
Popper, es decir, la que se produce cuando no se confirma una anticipación y
como consecuencia se valida la hipótesis alternativa. La segunda, o invalidación
de conexión es la que se produce cuando se revisa la hipótesis en
lugar de la teoría, dando lugar a hipótesis auxiliares. La tercera modalidad de
invalidación es la de no aplicabilidad, el cual promueve el
desarrollo de algún constructo de orden superior al invalidado, bajo uno de
cuyos polos queda subsumido éste como caso particular de la teoría, con lo que
la aplicabilidad del subsistema subordinado al constructo invalidado se
mantiene relativamente intacta.
Sin embargo, también
anticipándose a Lakatos y, en cierto sentido, a Kuhn, Kelly admite que las
hipótesis auxiliares no pueden multiplicarse indefinidamente y que, "una
teoría debe considerarse modificable y, en último extremo, deshechable"
(pág. 22). Kelly no propone criterios respecto a cuándo debe
"deshecharse" una teoría a la luz de la evidencia en su contra, pues
lo considera "una cuestión de gusto" (pág. 22). Sin embargo sí
aconseja, como se vió forzado a hacer Popper ante las críticas de Kuhn, que no se
abandone ante el primer fracaso, pues eso significaría que el científico se
convirtiese en víctima de sus circunstancias.
Según él "en
general uno se aferra más a las premisas de mayor importancia y abandona con
presteza las que sólo revisten una relevancia temporal" (pág. 22). Una vez
más, Kelly parece anticipar la diferencia establecida por Lakatos entre
"núcleo duro" y "cinturón protector". Kelly no elabora
mucho más sus propuestas, pues su objetivo es la formulación de la Teoría de
los Constructos Personales, no sentar las bases de la filosofía de la ciencia.
La consideración de
las teorías personales como sistema de constructos jerárquicamente organizado
alrededor de un núcleo de premisas metafísicas infalsables o constructos
nucleares, es decir, desde una epistemología post-positivista, conduce a una
visión del desarrollo como sinónimo del proceso de reconstrucción serial del
sistema, fruto de sucesivos ciclos de experiencia. En consecuencia, el desarrollo de
los aspectos ontológicos y epistemológicos de dichas teorías personales va
inextricablemente unido al desarrollo afectivo, pues el constructivismo concibe
las emociones como ciclos de transición del sistema de constructos personales.
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