J. Padrón (2004). Aspectos claves en la evaluación de Teorías
Tanto la construcción como la evaluación de Teorías dependen fundamentalmente del Enfoque Epistemológico previamente adoptado, ya que es éste el que contiene los parámetros para concebir la naturaleza, la función y la estructura de las Teorías. De ese modo, el concepto de Teoría cambia según cada Enfoque Epistemológico.
En el enfoque ‘empirista-inductivo’, el que está convencido de que hay una realidad externa independiente del sujeto que la conoce y de que el conocimiento de dicha realidad se genera a partir de los datos de la percepción sensorial y de la observación, la teoría es un hallazgo universal, aritmético y frecuencial, del patrón de ocurrencia, del modo en que se suceden los hechos, hallazgo que debe luego expresarse en términos de un sistema de leyes.
En el enfoque ‘racionalista-deductivo’, el que está convencido de que la realidad externa es independiente del sujeto que la conoce y de que el conocimiento se genera a partir de las capacidades del cerebro humano y de sus facultades de razonamiento, la Teoría es un diseño, una formulación mental, un invento, que imita aquellas estructuras universales y abstractas que son las responsables de los procesos observacionales aparentemente diferentes entre sí y que subyacen a las distintas casuísticas y a las observaciones y frecuencias aparentemente diferentes del modo en que ocurren los hechos.
Finalmente, en el enfoque ‘interpretativo-simbólico’, aquel que está convencido de que la realidad depende del modo en que la vemos y la pensamos y de que el conocimiento es producto de nuestras propias intuiciones internas, de nuestras vivencias y de nuestra propia conciencia, la Teoría viene siendo una especie de definición o de traducción del modo en que los grupos sociales y los individuos perciben los hechos desde su propia internalidad o desde su propia conciencia (para más detalles sobre las concepciones de ‘Teoría’ según el enfoque epistemológico, véase Padrón, 1996; para la noción de ‘Enfoque Epistemológico’ y sus tipos, véase Rivero, 2000 y Camacho, 2001).
En cuanto al uso de las teorías según el tipo de investigación (dentro de la trayectoria diacrónica de los Programas de Investigación), hay que decir que en las investigaciones descriptivas las teorías suelen tener el carácter de ‘teoría de entrada’ (véase más adelante), en el sentido de que esa clase de estudios, aunque típicamente no construye teorías, sí suele utilizarlas para definir las categorías, criterios y parámetros bajo los cuales elabora sus descripciones del mundo.
En las investigaciones explicativas suele haber ‘teorías de entrada’ y, obligatoriamente, ‘teorías de salida’, las cuales constituyen el producto terminal en esa clase de estudios.
En las investigaciones contrastivas o evaluativas (aquéllas que se orientan a determinar la adecuación de una o más teorías) las teorías constituyen, justamente, el objeto de estudio. Son aquello en cuyo análisis se centra el esfuerzo del investigador. Precisamente, este trabajo pretende servir, ante todo, a quienes desean desarrollar estudios contrastivos o evaluativos.
Finalmente, en las investigaciones aplicativas (aquéllas que se orientan a producir tecnologías, tanto materiales como humanas o esquemas de intervención), las teorías constituyen típicamente el sustrato inicial (con carácter de “teoría de entrada”) a partir del cual estos estudios derivan sus propuestas de acción, uso e intervención.
Es evidente que, de acuerdo al tipo de investigación que se plantee, las teorías van a tener una función diferente.
Resumiendo, puede decirse que las teorías constituyen puntos de partida (teorías de entrada) para el caso de las investigaciones descriptivas y aplicativas, que constituyen tanto puntos de partida como producto terminal para las investigaciones explicativas y que funcionan como objeto de estudio para el caso de las investigaciones contrastivas (evaluativas).
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