lunes, 5 de octubre de 2015

Matriz Epistémica y Conocimiento

De acuerdo a Martínez (1999), se entiende por matriz epistémica la base o plataforma de toda cosmovisión, ideología, teoría, paradigma científico y método. Está compuesta por una serie de axiomas, postulados y supuestos que establecen las condiciones de pensar, que cabe aclarar, no son conceptos o ideas, sino modos de percepción. Estos modos de percepción y formas de construir conocimiento definen el tipo de conocimiento que cada época e individuo construye, pues posibilita y simultáneamente limita sus interpretaciones, juicios, cuestionamientos y conclusiones.

En otras palabras, “lo que se recibe, se recibe de acuerdo a la forma del recipiente”, entendiendo que el recipiente es la matriz epistémica subyacente. Los supuestos, axiomas y postulados que se validan, bien sea por la experiencia personal o por el condicionamiento psicológico, permiten que cada individuo vaya construyendo su conocimiento en relación a la interpretación de sus experiencias. Este conocimiento, en retroalimentación, permite replantear o reforzar los supuestos y postulados que lo fundamentan. 

Por tanto las diferentes formas de conocer son un sistema complejo conformado esencialmente por modos de percepción, experiencias e interpretaciones que se retroalimentan entre sí, y sobre los cuales no es posible establecer un punto de observación objetivo, pues siempre el observador está inmerso en su propia matriz epistémica. Por tal motivo toda descripción es solamente una posible interpretación de la realidad (Lagos-Garay, 2004), una realidad que siempre esta “expuesta a nuestro modo de cuestionamiento”

.Es por esto que las maneras en que se construye, se valora y se valida el conocimiento, es decir, las posturas epistemológicas, no son universales. No obstante, la ciencia moderna pretendió instituir a la racionalidad analítica y al rigor cuantitativo como el fundamento de la legitimidad del conocimiento, apoyado por la razón instrumental y económica predominante. Desde mediados del siglo XX este supuesto ha sido motivo de un profundo debate, cuyos aportes han obtenido una atención y aceptación marginal y por ende han sido poco difundidos en los ambientes académicos y científicos.

Esto se debe a que indudablemente la ciencia positivista ha realizado aportes muy significativos a la humanidad (p. ej. en transporte, medicina, comunicación, etc.). Por estos éxitos, muchos de sus supuestos se siguen aplicando con cierta ingenuidad, mientras que conocimientos y teorías generados desde visiones alternativas generan mucho escepticismo y por desconocimiento son precipitadamente devaluados. 

Además las posiciones éticas de la ciencia positivista siguen siendo ambivalentes al permitir también prácticas científicas que atentan contra la integridad humana y ambiental. Son estas las razones para considerar indispensable evidenciar y demostrar justamente las bases epistemológicas que posibilitan y justifican estas problemáticas y a la vez aportar algunos elementos para fundamentar un pensamiento ambiental orgánico.

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